“Temido vuestro brazo fue y espada en estas partes y ánimo extremado y en tierra y mar habéis siempre cursado vuestra virtud con gloria sublimada.

De Marte a vos tal gracia fue otorgada con que venciste campo tan nombrado y habéis contra el de Orange muestra dado de veros con sus gentes en jornada.

Digno de la corona preeminente sois que la excelsa Roma concedía a aquel que procuraba señalarse.

Con premio muy mayor cosa decente por vuestro valor grande y valentía pues pueden con vos pocos igualarse.

Gloria, pues, a don Julián Romero, Maestre de Campo de los Tercios Españoles”.

(Soneto a Julián Romero) de Diego Jiménez de Ayllón.



“Fue preso allí Andalot, que encomendada le estaba la defensa de aquel lado: he aquí también por la tercer entrada, que Julián Romero, había asaltado: la suspensa fortuna declarada, abriendo paso al detenido hado, la mano a Don Felipe dio de modo, que vencedor en Francia entró del todo”.

(La Araucana) de Alonso de Ercilla y Zúñiga.



“Bien sé que he vestirme el postrer día otra vez estos huesos…”

Lope de Vega.

“Quedó Julián Romero herido de un brazo, y muertos veinte soldados españoles. Y no fue solo un brazo; Julián hubo de perder, además, un ojo, un oído, una pierna, un hijo y tres hermanos en las guerras”

Antonio Marichalar.

Busto de Julián Romero
Representación en barro de D. Julián Romero de Ibarrola en pleno proceso de modelado en el estudio del escultor D. Lorenzo Redondo Badía. Cuenca, Febrero 2018

Julián aparece, en sus retratos, entero; es decir, sin que le falten ya todos aquellos miembros que se fue dejando en la guerra. Tal es el retrato de un héroe cristiano, en toda su entereza. Se enterraba en sagrado el trozo mutilado, en guerras o en fortuito azar, y aún en cruenta operación de cirugía. Así, la pierna que aserraba a un caballero, en tanto él rezaba un Credo, era sepultada, entre los cantos fúnebres de la clerecía, en un muro catedralicio. Julián se nos aparece siempre como cristiano, que, en el día del Juicio, se integra en sus miembros perdidos para mostrarse idéntico a sí mismo. Ése es el Julián del grabado: la frente altiva y despejada, los ojos penetrantes, la mandíbula fuerte, el pelo hirsuto, barbado, cejijunto. Y en el retrato del Greco, el ánima encendida y el perfil afilado, la barba en punta y el cráneo desnudo. En el grabado: la faz inteligente, mirada honda y melancólica. En el lienzo: elevación y anhelo de un espíritu, sin más armas ya que aquellas “de la luz”, de su mortaja y hábito.

La identificación de la efigie de Julián Romero, en el cuadro del Greco, era de interés. Ahora puede probarse, merced a un documento, en el cual aparece el matrimonio de una hermana entera de Julián Romero con el jefe de la estirpe de Miota (luego Marqueses de Lugros), a quienes fue a parar el citado cuadro. La hija de Julián Romero, única heredera de esa casa, no era de carácter fácil. En las sucesivas escrituras que hemos hallado suscritas por ella –y son numerosas- llama como deudos suyos a personas diferentes y cuyo parentesco es lejano y, a veces, incierto.



En la obra: El teatro en la España del siglo XVIII. Homenaje a Josep Maria Sala Valldaura, de Judith Farré, Nathalie Bittoun-Debruyne, y Roberto Fernández, se define una “comedia de guapos” empleando las explicaciones que de la palabra "guapo" nos hace el Diccionario de Autoridades: "Animoso, valeroso y resuelto, que desprecia los peligros y acomete con bizarría las empresas arduas y dificultosas". Y “guapeza": “Bizarría, valor y resolución para acometer alguna empresa arriesgada o peligrosa". Cuentan estas comedias aventuras de valentones, con unos protagonistas que son el prototipo del valor y la bizarría. Constituye una expresión del nuevo "heroísmo popular", por más que su valentía está a veces reñida con las leyes. El ejemplo más típico podría ser la comedia de Cañizares titulada Portada Ponerse hábito sin pruebas, y guapo Julián Romero.jpg, obra que combina lo heroico y lo amoroso.

Portada de La araucana
Texto de La araucana
Portada de ponerse hábito
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